Jugar a la escondida

cama

A veces siento que quiero volver a jugar a la escondida.

¡Que alguien cuente! Busquen abajo de la cama, atrás del árbol o detrás de la puerta.

Yo no me hago responsable si me encuentran o no.

Porque cuando salga, mágicamente para el mundo voy a estar mejor; voy a estar contenta, feliz, bueno, prácticamente como todo el mundo me conoce. Soplando dientes de león por la calle, cantando con los auriculares en el bondi, haciendo burbujas en mi cuarto, regalando sonrisas a la gente que me cruzo y viendo todo lo bueno de la vida. La mía, la tuya, la de los demás.

Pero hoy estaría perfecta escondiéndome.

No sé si es la época del año, no sé si es el estrés de la incertidumbre de mi vida, no sé si es que las personas esperan mucho de mi, no sé si es mi intento por complacerlas, no sé si es un cocktail de todo junto, pero estoy exhausta. Quiero esconderme un día. O unos muchos días.

Ya va a pasar, todo pasa al final. Pero no me gusta caminar en puntas de pie por miedo a pisar en un lugar equivocado y cometer un error, no me gusta. Es aburrido ir controlando siempre donde pones el pie, cuando sabes que fácilmente podés correr descalzo.

Por ahí es que estoy creciendo. Me dijeron que crecer duele, y eso justificaría todo. Mi urgencia por tener que saber qué quiero, cuándo lo voy a hacer y cómo. La necesidad de encasillarme en algo por miedo a perderme. La presión que siento que viene de todos lados, pero es puramente mía. Sí, puede que esté creciendo, pero he ahí mi miedo a crecer: todos esos pensamientos no sirven realmente. Ningún pensamiento es bueno si te lleva al cansancio, a la molestia, al dolor.

Me dijeron que una persona adulta va y enfrenta los problemas. Les pone el pecho a las balas. Da la cara ante las situaciones.

Pero hoy estaría perfecta escondiéndome.

Estoy escuchando: Hiding Tonight-Alex Turner

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