Enero 6: Carta a mi abuelo (donde sea que esté)

¡Hola abue! ¿Cómo estás? ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! Hoy cumplirías… 84!! Me lo dijo la abuela, porque yo nunca supe sus edades!

Espero que estés bien, donde sea que estés, y que tengas muchos libros para leer. Acá por mi parte puedo ponerte al día con los eventos cotidianos.

Los días siguen siendo raros sin vos. Y ya pasaron dos años (casi).

Eso que nunca molestabas en casa ni nada, pero todos los días se siente que faltas. Tus cosas están en su lugar: las bibliotecas, los libros, tu radio. Tu cama está intacta, excepto por las toneladas de ropa que tira la abuela encima. ¡Y claro! Como nadie duerme ahí ahora… Yo me ocupe de guardar tu ropa y ordenarla en Octubre del 2015; era demasiado para los demás hacerlo. O simplemente sentí que lo tenía que hacer yo.

La abuela está bien. Molesta como siempre, pero eso nos da la pauta que ¡está bien! Sigue yendo a la iglesia, cocinando y apuesto todo lo que quieras que te extraña mucho (pista: yo le pregunté, por eso puedo apostar jaja!). Es ella quien se encarga de barrer afuera ahora que no estás. Mamá y el tío cuidan las plantas, yo seco los platos. Nos fuimos dividiendo las tareas, porque eso es lo que se hace cuando se va un miembro de la manada.

¡Mamá terminó de estudiar y tiene otro título universitario! (para variar ¿no?) El tío, como siempre, vive feliz y tranquilo. Sigue trabajando donde siempre y la tía, ella está loca, pero nos quiere y viene a vernos seguido (o voy yo). Es más, el pasado 24 de diciembre casi diría que festejamos Navidad juntos (todo un logro, lo sé).

Chunie creció mucho. MUCHO. Literal, está gordo y peludo, pero lo amamos y él siempre duerme en tu cuarto. Apenas te fuiste, él también lo notó. Y creo que si todavía estuvieras por acá nos matarías a mamá y a mi por traer tantos perros a la casa; en realidad no dirías nada, pero los disfrutarías igual, porque ya te conocemos.

¡No te conté! Desde que te fuiste me fui de viaje, volví, terminé la carrera, tuve varios trabajos y sufrí varias crisis existenciales, pero nada terminante, y hoy estoy acá, con la familia. Me peleo menos con las mujeres de la casa (¿?) y soy fiel borracha como todos los de la sangre Raitelli. Pero lo voy a cambiar antes de terminar bajo un árbol como vos cuando eras joven, jaja. Ahora paso tiempo en casa, disfruto de los días y planeo otro viaje, porque de una u otra manera parece que terminé heredando ese espíritu aventurero tan propio de vos. Tengo ganas de vivir otras cosas y experimentar todo lo que pueda (dentro de mi ética, moral y mis valores. NO ME MIRES ASÍ EH)

Tu sillón está donde siempre también. Secretamente creo que se pregunta si vas a volver, pero nadie le responde porque es algo incómodo decirle a la gente y a los sillones que cuando alguien se muere, el cuerpo se va y no vuelve. No vuelve más.

Aunque a veces me gustaría que volvieras y nos contaras como es allá, y si la comida es más rica que la de la abuela, y si me saldría más barato volar a visitarte que comprar un pasaje a Barcelona. A veces me gustaría que volvieras, para que veas lo grandes que estamos todos, lo mucho que trabajamos para ser felices y lo inminente que es que algunos bajaron de peso y otros subieron (ejem.).

Mucha de tu familia ya no aparece por casa, pero eso está bien. Como te dije, a algunas personas les incomoda hablar de la muerte y el pensar que alguien no está. Cosas de adultos, creo yo.

Pero yo te quiero, y te recuerdo siempre.

Y no me quiero poner a llorar, porque eso es para los débiles y para los que leen novelas románticas, pero de vez en cuando me gustaría darte un abrazo y que sientas que te aprecio más de lo que siempre pensaste.

Bueno, basta de cursilerias. Me voy a ir a dormir y voy a desearte que pases, o hayas pasado, (no sé cómo es la diferencia horaria con el más allá) un cumple Feliz.

Donde sea que estés.

Te quiere,

tu nieta,

Wan.

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